Impromptu

No hay escritura sin soledad. Comienzas con un impromptu (¡quién pudiera escribir un impromptu!) que con el tiempo se vuelve punto y línea y ángulo y figura. He renunciado al éxito y al fracaso por igual. No la esperanza sino el destino silencioso mueve la mano. Como los sueños, las letras tardan en develar su sentido. Las circunstancias son condicionantes, no determinantes, pero más de una vez las condicionantes determinan a las determinantes. Si tuviera que elegir un tiempo para nacer, no sería el mío. Frente a los disgustos, no hay mayor remedio que la paciencia y el tiempo. No hay un origen, sino muchos orígenes, no así el fin, que es único y para siempre. 





Comentarios

Anónimo dijo…
En ese juego de palabras, de las condicionantes y determinantes, quizá la temporalidad de la vida no debiera diezmarse a las circunstancias del disgusto. Por otro lado, ese Impromptu me alegro estás horas de desvelo.
Saludos
Quizá la temporalidad de la vida, no; pero ¿por qué no la temporalidad del arte? Gracias por leerme.
Anónimo dijo…
*alegró, estas

Entradas populares