Espera

Vi la primera banca camino a Monteverde, ese pueblo triangular montado en la siempre verde Costa Rica. La banca era más bien una parada de autobús. Una niña de cuarto o quinto año de primaria (según la educación en México) esperaba el transporte que la llevara a la escuela. Entonces pasó el autobús que Zyan y yo habíamos tomado desde Puntarenas. Aquel día, la estrechez de Costa Rica nos permitió pasar de la playa horizontal a la vertical montaña en unas horas, como quien fuera de Acapulco a la Sierra profunda de Barranca Dulce. 

El autobús se detuvo. La niña subió y tomó el asiento delantero, no sin antes saludar con extraña cotidianidad al conductor. El transporte esperó unos minutos más; después de todo, nadie se mostraba apresurado. Fue en ese momento que observé cómo la banca tomaba el sol. Admiré su sencillez y su actitud estoica ante la lenta maleza que la cubría: "Pura vida", dije. La espera se había vaporizado; el autobús prosiguió su ascenso. 





Vi la segunda banca en el largo descenso de los Alpes suizos. Zyanya y yo tomamos Il trenino rosso de Tirano a Chur o Coira, donde los idiomas pierden su nombre y el paisaje se viste de blanco. En aquel recorrido, recordé los versos de Coleridge sobre las numerosas aguas:


Water, water, every where, 

and all the boards did shrink; 
water, water every where, 
nor any drop to drink[,]

y traté de forjar un solo endecasílabo que se deslizara siquiera por la alfombra blanca, como el Bernina caminaba con calcetines de lana. Pero la noche llegó antes que la poesía, costumbre del invierno y del destino, y la blancura pronto se tornó oscuro frío. 


Entonces el tren arribó a una estación cuyo nombre ignoro, sin duda más allá de Alp Grüm, quizá poco antes de Pontresina, y ahí estaba, a miles de kilómetros de la primera, pero con el mismo fin. Advertí que Zyan dormía profundamente. Su rostro se había sumergido en la calidez del vagón. Del otro lado del cristal, sin embargo, la nieve había congelado la espera. Tomé la cámara y lancé un disparo que se estrelló en el hielo seco de la banca. 





Comentarios

Ramón Gerardo dijo…
la banca como metáfora de quien espera la nada y de repente todo puede suceder...muy bueno supongo visiones de viajes..
Saludos, maestro Ramón. Gracias por leer el blog.

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