Peña Nieto en la Ibero

¡Qué armas, qué municiones, qué lengua tan larga (la duda vestida de razón), qué cara tan pisoteada de halagos y piropos! Tengo para mí que ignoras el horizonte de lo desconocido. Tengo para mí que alguna voz fue la mía. No aquella de los gritos. Acaso una voz ausente, confundida, cansada del pasado sin haberlo vivido. Cautiva por la cordura, por el esfuerzo del pensamiento, por las horas del aire. ¡Basta de gritos que son también sangre, basta de sangre que fueron gritos callados o silencios solitarios!

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